Pierre Lévy
(Túnez, 1956)
Es un escritor, filosofo y profesor tunecino. Es uno de los filósofos más importantes que trabaja
en las implicaciones del ciberespacio y de la comunicación digital.
Lévy nos habla sobre la
identidad como un conjunto de rasgos propios de un individuo o de una
colectividad que los caracterizan frente a los demás y, en la formación de este
conjunto de rasgos, el lenguaje es el elemento fundamental que permite
transmitirlos y preservarlos. Sin embargo, en las últimas décadas las tecnologías
de la información han provocado importantes cambios culturales y han dado origen
a la llamada cibercultura que ha modificado el entorno social, los productos culturales
y las formas de comunicación e intercambio de información.
Según Cabero Almenara
(2007), las características de este contexto cultural son las sociedades
globalizadas que giran en torno a las TIC, con nuevos sectores laborales,
exceso de información y la velocidad del cambio; asimismo, implica cambios
cognitivos y diferentes formas de socialización. Por los motivos señalados, en
el presente trabajo se intenta reflexionar respecto de la aparente oposición
entre identidad y tecnología en una cultura digital y sobre el papel del
lenguaje como el componente cultural más importante de la humanidad.
La tecnología siempre ha
provocado cambios sociales, pero las tecnologías de la información y la
comunicación forman parte de la vida cotidiana de gran parte del mundo, pues regulan
nuestros flujos de dinero, el acceso al conocimiento o las relaciones
interpersonales. Las tecnologías de la información han provocado importantes
cambios culturales y han originado la llamada cibercultura que ha modificado el
entorno social, los productos culturales y las formas de comunicación e
intercambio de información. En esta cultura global cabe preguntarse hasta qué punto
la identidad colectiva e individual es modificada por un espacio común sin
fronteras llamado ciberespacio. Sin embargo, a pesar de este cambio de
paradigma cultural, es el lenguaje, y en particular nuestra lengua materna, la
que nos permite preservar nuestra identidad al tiempo que es el factor que nos
permite interactuar con los dispositivos tecnológicos que constituyen el componente
fundamental de este nuevo entorno. Esta sociedad se caracteriza, según Julio Cabero
Almenara (2007), por ser globalizada, que gira en torno a las Tecnologías de la
Información y la Comunicación, con nuevos sectores laborales, exceso de
información, donde el “aprender a aprender” es de suma importancia, cuyo
impacto alcanza a todos los sectores de la sociedad que marca cada día la brecha
digital y por la velocidad del cambio.
En otras palabras, lo que
nos define como especie es la capacidad de simbolizar y representar a través de
un sistema sígnico altamente complejo y eficiente llamado lenguaje, el que
permite la comunicación, el pensamiento y la cultura; en pocas palabras: toda
comunicación de contenidos espirituales es lenguaje, y la comunicación por la
palabra no es sino un caso particular, el caso de la comunicación humana y el
de la comunicación que está a su base o que se basa en ella (por ejemplo, la
justicia, o la poesía.
Durante varias décadas, lingüistas,
filósofos, antropólogos o sociólogos comparten la idea de que el lenguaje representa
la esencia de nuestra especie y que toda la cultura se construye a partir de
esta facultad; sin embargo, si cada momento histórico va dejando huellas en las
distintas lenguas, es pertinente preguntarse de qué manera la irrupción de las
tecnologías de la información y la comunicación modifican la interacción entre
los individuos, especialmente debido a que vivimos en un mundo globalizado,
pues las barreras físicas se borran gracias a los medios tecnológicos que
permiten la comunicación inmediata entre las personas.
Muchos, hoy en día se
comunican a través de Facebook, Twitter, Messenger, e-mails, SMS, blogs y
fotologs como miembros de una comunidad que ya no es la geográfica, por lo cual
aparece una aparente oposición entre la lengua como reflejo de la identidad y
una nueva cultura que no reconoce estas diferencias por influencia de la
tecnología.
Chávarro (2004) afirma
respecto de las TIC que los deterministas hablan de los impactos de las
tecnologías de información, desconociendo los factores económicos, políticos y
culturales que los orientan y configuran y que, además, son construcciones
sociales. Así, las TIC posibilitan la
construcción de un nuevo espacio social, pero que depende de los propios seres
humanos, por lo cual no hay determinismo tecnológico, sino constricciones impuestas
por dichas tecnologías.
Si bien es cierto que hay
consenso respecto de vivir una cultura cibernética, no existe consenso respecto
de qué se entiende por cibercultura, pues agrupa una serie de fenómenos
relacionados con el impacto que producen las tecnologías de la información y la
comunicación sobre el individuo y sus relaciones sociales. Para Kerckhove
(1997) y Lévy (2001), la cibercultura es la tercera era de la comunicación
(luego de la oralidad y la escritura) en la que se habría configurado un
lenguaje todavía más universal que el alfabeto: el lenguaje digital. De acuerdo
con Scolari (2008), el término cibercultura hace referencia a una gran variedad
de discursos sobre las tecnologías digitales, no necesariamente científicos,
pues integra “relatos de ficción, discursos teóricos, prácticas
contraculturales, perspectivas utópicas, ansiedades posmodernas y estrategias de
mercadotecnia dentro de una misma red de conversaciones”. Joyanes (1997)
describe los retos sociales ante un nuevo mundo digital que incluyen aspectos
como los cambios sociales de la revolución informática, los factores del cambio
que han conducido a la cibercultura y un análisis de la nueva sociedad: la
cibersociedad.
Además, Pierre Lévy (1997)
define el ciberespacio como “el espacio de comunicación abierta por la
interconexión mundial de los ordenadores y de las memorias informáticas”.
Agrega que esta definición incluye el conjunto de sistemas de comunicación
electrónicos en la medida en que
transportan informaciones provenientes de fuentes digitales o destinadas a la
digitalización. Insisto sobre la codificación digital pues condiciona el
carácter plástico, fluido, finamente calculable y tratable en tiempo real
hipertextual, interactivo y, para decirlo todo, virtual, de la información que
es, me parece, la marca distintiva del ciberespacio. Este nuevo medio tiene por
vocación poner en sinergia y en interfaz todos los dispositivos de creación de
información, de grabación, de comunicación y de simulación.
El entorno comunicativo
actual implica estar intercomunicado permanentemente a través de los sistemas
informáticos y las redes sociales o comunidades virtuales. Facebook y Twitter
se han constituido en parte importante de millones de personas que tienen la
oportunidad de compartir con sus amigos o manifestar sus opiniones, no
importando el lugar en que se encuentren, con la única condición de tener
acceso a la Web. Sin embargo, las personas crean una identidad virtual a partir
de las redes sociales e importa más cómo se desenvuelven en la Red que en la
vida real. Un ejemplo de esta situación es la fotografía, el nickname o el
avatar que los usuarios eligen y utilizan para identificarse en su “perfil” que
les permite comunicar no necesariamente lo que son, sino lo que quisieran ser,
en tanto que el indicador del éxito social es cuántos “amigos” o “followers” tengan,
razón por la cual quien no concita interés en este espacio virtual,
especialmente en el caso de los más jóvenes, puede provocar baja autoestima. La
creación de identidades en la Red se asemeja a las máscaras del teatro griego,
pues la máscara no proviene del interior de la persona y detrás de cada máscara
hay una ausencia. Por esta razón, para muchas personas, Internet ha provocado
la desconfianza de las personas frente a lo que se publica y, por ende, ha
socavado el prestigio de la verdad.
Sin embargo, hay algo que
no se puede ocultar, disimular o simular en la Web: la lengua materna del
individuo y los usos propios de cada comunidad. Es posible crearse una
identidad virtual que difiere de la realidad en prácticamente todos los ámbitos,
como edad, género, profesión o estado civil, pero la comunicación se realiza en
el idioma que nos identifica, incluso en el caso del llamado lenguaje del chat
que incluye desde abreviaturas hasta emotional icons, pues si bien en este caso
hay formas internacionales, también hay aspectos que solo son parte de una comunidad
específica.
Es probable que el deseo
inconsciente de identidad dentro de esta cada vez más pequeña aldea global
provoque que los más jóvenes utilicen en los espacios públicos, privados y
virtuales formas jergales que les permiten reflejar su propia forma local de interpretar
el mundo que los rodea.
Ante la falta de
identidad, nuestra lengua nos proporciona las claves culturales que permiten
conocer algo más de nosotros mismos, de nuestro entorno, de los antecedentes
históricos y la visión de mundo que aquéllas reflejan y representan. Nuestra
propia lengua nos permite establecer vínculos reales con otras personas reales,
aun cuando muchos de los procesos comunicativos se lleven a cabo mediante la
intermediación de la tecnología, la cual –sin duda alguna- es un componente importante
en el desarrollo de la humanidad. En suma, ante los aspectos negativos de la
sociedad tecnologizada como el vacío de la virtualidad, la verdadera cultura y
la comunicación real, a través de su lengua, se constituirá en uno de los
escudos que ayudarán a las futuras generaciones a preservar lo propio, lo local
frente a lo global y a enfrentar los todavía desconocidos retos que deparan las
tecnologías.
Por su parte, la continua expansión
de las nuevas TIC digitales ha potenciado el crecimiento económico junto con la
creación de redes digitales mundiales de información y comunicación por las que
está avanzando de una forma arrolladora la globalización universal de la
economía, las finanzas, la política y la cultura. Es innegable que con esta
expansión de la cultura digital han ido surgiendo nuevas oportunidades y todo
el desarrollo virtual que se seguirá propagando en todas las generaciones época
tras época.
Observa el siguiente video:
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:



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